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Bill Clinton, además de expresidente, posible primer caballero

.,El Encantador Bello On 9:08


El expresidente podría ser el primero en volver a la Casa Blanca como esposo presidencial.

Que Hillary Clinton sea la primera mujer en la historia en ser candidata presidencial en Estados Unidos por uno de los grandes partidos deja a Bill Clinton, su esposo, como el primer opcionado real en ocupar el puesto de primer caballero de la nación.

Clinton no tendría un papel honorífico. Al contrario, sería una ficha política de primer orden en una eventual administración de su esposa al frente del país más poderoso del mundo.

La periodista española Nuria Ribó describe en su libro ‘Hillary Clinton: retorno a la Casa Blanca’ el escenario en el que quedaría el esposo del matrimonio Clinton:
“Posiblemente la experiencia de Bill Clinton en relaciones internacionales, su conocimiento y acceso a los líderes de todo el mundo, le hagan candidato a un puesto que Hillary ya sugirió en medio de un debate electoral en el que le hicieron la misma pregunta. ‘Podría ser un magnífico embajador de EE. UU. en el mundo’, especialmente cuando Hillary se ha propuesto recomponer las relaciones de Estados Unidos con el resto del mundo.”
Pero lo novedoso en el caso de los Clinton va más allá del hecho de que ella, la candidata, sea mujer. También está puesto en que, por primera vez, un expresidente de los Estados Unidos pueda volver a la Casa Blanca, esta vez en la posición de esposo presidencial.
El camino político de Bill Clinton
El presidente número 42 de los Estados Unidos llegó a la Casa Blanca como un político poco convencional. Su carrera inició cuando fue gobernador del estado de Arkansas, desde 1978 hasta 1981 y de 1983 a 1992. Con 32 años, fue el más joven en llegar a ese cargo.
Nació en 1946 en Arkansas y su nombre completo es William Jefferson Clinton. Fue el primer presidente norteamericano nacido durante la ola de crecimiento demográfico de la posguerra conocida como ‘baby boomer’. Esto sería importante en su trayectoria, pues lo puso en el momento histórico en que la juventud estadounidense protestaba contra la Guerra de Vietnam y nacía el movimiento contracultural de los años sesenta.
En 1963, a sus 16 años, Clinton vivió dos episodios que dieron horizonte a su vida: visitó la Casa Blanca y allí conoció a John F. Kennedy; además, escuchó el histórico discurso ‘Tengo un sueño’ (‘I Have a Dream’) de Martin Luther King, en defensa de la igualdad racial en Estados Unidos.
Clinton –el apellido es de su padrastro porque su padre biológico murió en un accidente automovilístico antes de que Bill naciera– se subió al bus de la contracultura. En tiempos de protestas juveniles contra la guerra, se declaró objetor de conciencia. Gracias a una beca para irse a estudiar a Inglaterra pudo esquivar el servicio militar obligatorio.
Pero en esos años Clinton no estaba contra la Guerra de Vietnam como un joven más. Lo hacía como empleado de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado, encabezada por el senador William Fullbright, uno de los más férreos críticos de la Guerra en Vietnam, como reseña el ‘Miller Center’ de la Universidad de Virginia, especializado en asuntos de la presidencia de EE. UU.: “Esa experiencia configuró en gran medida la perspectiva de Clinton para llegar a creer, como Fullbright, que los Estados Unidos no tenían razones morales o estratégicas para estar en Vietnam”.
Estos episodios ganarían peso histórico a principios de los años noventa, cuando Bill Clinton emprendió la búsqueda de la presidencia como precandidato del Partido Demócrata. Su nombre emergió de una lista de seis nominados por ese partido. Del otro lado del bipartidismo estadounidense estaba el presidente republicano en ejercicio George H. W. Bush (padre).
Para los analistas el resultado era previsible a favor de Bush, debido a su altísima popularidad, cercana al 90 por ciento. Las relaciones internacionales fueron la punta de lanza de la aceptación del republicano, pues durante su gobierno Bush cayó por completo la Unión Soviética –enemigo de Estados Unidos durante la Guerra Fría– y se desarrolló la Guerra del Golfo Pérsico.
Aunque Clinton no era una figura conocida en todo el país, como gobernador de Arkansas propició varios debates nacionales en torno a temas como las reformas educativas. Entre 1990 y 1991, consolidó su figura a través de la convocatoria al voto blanco masculino, sin alejar al voto afroamericano ni al de las mujeres. Su argumento era que la raza no debía dividir a los americanos que estaban de acuerdo en cuestiones económicas, políticas y sociales.
El presidente Bush tenía un punto en contra que la campaña de Bill Clinton logró capitalizar a su favor: la economía. Nació entonces la que fue la frase de campaña más importante del demócrata y, a la postre, una de sus marcas con mayor recordación en la cultura popular estadounidense: “Es la economía, estúpido” (‘The economy, stupid’).
Frente a la figura de Bush como veterano de guerra, la juventud y el carisma de Clinton fueron determinantes. Aun así, fue el primer presidente desde la elección de Richard Nixon en lograr la presidencia sin mayoría absoluta, es decir, con menos del 50 por ciento de los votos.
Un presidente para los nuevos tiempos
Bill Clinton se sumó al paredón presidencial como el tercer presidente más joven en la historia de los Estados Unidos. Desde ese cargo prometió enfocarse “como un rayo láser” en los urgentes asuntos económicos del país: desempleo, déficit y crisis del sistema de salud. “En todos los frentes, menos uno, la reforma a la salud, tuvo un éxito significativo, pero no completo”, asegura el ‘Miller Center’.
Según cifras presentadas por ese instituto, el ‘rayo láser’ le funcionó al presidente Clinton. De 1992 a 1994 el déficit del país pasó de 290 mil millones de dólares a 203 mil millones. Para 1999, Estados Unidos tenía una superávit de 124 mil millones de dólares, “un desarrollo que pocos habían considerado posible en 1992”.
Clinton no fue un presidente radical. Más bien mantuvo la postura de centro que había ostentado desde sus días en Arkansas. Mientras defendía los derechos de los homosexuales, el control de armas, la legalización del aborto, la protección ambiental y la igualdad en oportunidades en empleo y educación –banderas típicamente liberales–, también mantenía una posición favorable frente a políticas más conservadoras como la pena de muerte.
Pero no son solamente sus posturas frente a temas gubernamentales las que han dibujado una imagen amable de Clinton. Otros datos sobre su vida, como que toca el saxofón tenor desde joven, o su ‘conversión’ al veganismo en 2010 –tal vez es el vegano más famoso del mundo–, le han dado la mística de personaje político contemporáneo.
Incluso el premio Grammy que ganó en 2004 a mejor álbum hablado por la producción del audiolibro ‘My life’ –homólogo de su libro autobiográfico– y el que ganó en 2003 a mejor álbum hablado para niños por ‘Pedro y el Lobo’ –cuento musical del compositor ruso Serguéi Prokofiev, en cuya producción también participaron Mijaíl Gorbachov y Sophia Loren– ponen a Clinton, ‘El lobo’, en la lista de presidentes con incursiones en la industria pop.
Y sin embargo, el hecho por el que el Bill Clinton presidente es más recordado no es otro que el escándalo sexual que estalló a finales de los noventa y que lo convirtió en el segundo presidente de Estados Unidos en ser sometido a un juicio político o ‘impeachment’.
El escándalo sexual que lo llevó al estrado político
Bill Clinton mintió bajo juramento. Es decir, bajo la legislación norteamericana, cometió los delitos de perjurio y obstrucción a la justicia.
Entre 1995 y 1997, el presidente Clinton tuvo contactos sexuales con Mónica Lewinsky, una becaria de la Casa Blanca y licenciada en psicología que, para entonces, no tenía más de 25 años. No fue sino hasta 1998 que estas relaciones extramaritales salieron a la luz pública cuando, en medio de las elecciones, el abogado independiente Keneth Starr investigaba las transacciones financieras de Clinton.
Una amiga de Lewinsky, Linda Tripp, grabó las conversaciones en las que esta le contaba de los contactos sexuales con Clinton. Tripp entregó los audios a Starr, quien las incluyó en una investigación adelantada contra Clinton por acoso sexual contra Paula Jones en 1991. Fue en el marco de ese caso que Clinton negó su relación con Lewinsky.
Pero luego, ante evidencia de ADN sustraída de un vestido con restos de semen que Lewinsky había guardado por recomendación de su amiga, Clinton tuvo que reconocer sus “relaciones impropias” con la exbecaria de la Casa Blanca. La Cámara de Representantes, con mayoría republicana, votó para emitir acusación contra Clinton. En febrero de 1999, Clinton fue declarado ‘no culpable’ por el Senado.
Y si las cámaras del Congreso no juzgaron a Clinton, tampoco lo harían los ciudadanos en las urnas. “A la gente de Estados Unidos evidentemente le importaron menos las aventuras extramaritales del presidente o su historial de transacciones financieras que su éxito en la reducción del déficit y en obtener prosperidad económica”, reseña el ‘Miller Center’. De hecho, el Partido Republicano resultó golpeado por una reacción calificada por la opinión pública como ‘excesiva’. Mientras tanto, Clinton se convirtió en el primer demócrata reelegido desde el cuatro veces presidente Franklin D. Roosevelt.
La mirada de Clinton hacia afuera
El éxito de Clinton en relaciones exteriores tuvo como principales hitos la negociación de paz entre católicos y protestantes de Irlanda del Norte y el llamado a los bombardeos de la Otan en Bosnia y Kosovo, así como la presión a Serbia a detener sus ataques contra musulmanes en Bosnia y contra comunidades étnicas albanesas en Kosovo, en el contexto más cruento de la guerra en los Balcanes.
Menos exitosas resultaron las gestiones de Estados Unidos para detener el genocidio en Ruanda. También fue durante su presidencia que Estados Unidos firmó el protocolo de Kioto que buscaba combatir el cambio climático en el marco de Naciones Unidas, pero el Congreso no le permitió ratificarlo. Por otro lado, aunque facilitó las conversaciones entre Israel y la Organización Palestina –que les valió el Nobel de Paz a Yasir Arafat, Shimon Peres e Isaac Rabin en 1994–, estas no condujeron en una paz estable. Al final de los noventa, el conflicto árabe-israelí escaló a nuevos e intensos niveles de violencia.
Mención aparte merece la relación de Clinton con Colombia, específicamente con el expresidente Andrés Pastrana. De la cercanía entre ambos mandatarios surgió el Plan Colombia. Pastrana hizo parte de los líderes mundiales con quienes Clinton sostuvo relaciones cercanas o, cuando menos, amables, al igual que el inglés Tony Blair, el francés Jacques Chirac, el ruso Borís Yeltsin y el brasileño Fernando Henrique Cardozo.
Clinton entregó la presidencia con la aprobación de gestión más alta en Estados Unidos después de la Segunda Guerra Mundial.
El primer posible primer caballero
Hillary Rhodam y Bill Clinton se conocieron en 1971, en una biblioteca de la Universidad de Harvard. El después presidente y la que sería la primera mujer en aspirar al mismo cargo se casaron en 1975, después de la tercera petición de matrimonio de él a ella. Por esos años comenzó una historia que Bill Clinton recordó con detalle en julio, durante su discurso en la Convención Demócrata.
Desde esos días hasta las actuales elecciones, Hillary y Bill, los Clinton, han construido sendas carreras políticas que tienen hoy a la demócrata a las puertas de la Casa Blanca y a su esposo en camino a ocupar el cargo inédito en Estados Unidos de ‘primer caballero’.
“No hay que esperar que Bill Clinton –un formidable estratega político (…)– se quede tranquilamente tras bambalinas”, escribió el historiador especializado en primeras damas, Carl Anthony para ‘Newsweek’. Esto, recuerda, no significa que pueda asumir un puesto gubernamental, pues la ley prohíbe contratar familiares.
Pero, como sigue Anthony, para muchas esposas presidenciales “un asiento en la mesa de la cena es, a menudo, más poderoso que uno en la mesa del gabinete”. Por ejemplo, Mary Lincoln fue consejera de Abraham Lincoln en asuntos de alto nivel como nombramientos de gabinete y líderes militares; Edith Wilson asumió el mando secretamente cuando su esposo, Woodrow Wilson, sufrió un accidente cerebrovascular en pleno ejercicio de la presidencia; también, Jackie Kennedy recibió información clasificada de su esposo, John F. Kennedy, durante la crisis de los misiles en Cuba.
En esa línea, aun si Bill Clinton no ocupa ningún cargo público, sería una figura de poder clave en una eventual administración de Hillary, tanto en asuntos económicos como en relaciones exteriores. En paralelo, Clinton podría continuar sus labores como conferencista internacional y su trabajo filantrópico a través de la Fundación Clinton.
Además de eso –continúa Anthony–, la sociedad estadounidense se fijará en detalle en cómo viste Bill, pues en algunos años su vestimenta más icónica podría figurar en el Instituto Smithsoniano junto al traje rojo de Nancy Reagan o, incluso, junto al vestido azul que llevó Hillary en 1993 cuando comenzó la primera era Clinton en la presidencia de Estados Unidos. Como esos vestidos, su ropa estaría encerrada “en una cámara de vidrio a temperatura controlada para que perdure por todos los tiempos”.